Puertos del Lago se ubica sobre aproximadamente 5 km de costa sobre el Río Luján, en Escobar, entre las rutas provinciales 25 y 26 (de ésta última está un tanto más lejos que de la Ruta 25, que marca su límite Noroeste). Su límite por el Sudoeste es otro megaemprendimiento, “El Cantón”. La totalidad de los 24 barrios que compondrán Puertos del Lago estarán ubicados dentro del valle de inundación, es decir entre la barranca y el río. Esa sola circunstancia viola una larga lista de leyes, comenzando por la Constitución Nacional, el Código Civil, la Ley 6253/60, etc. A modo de ejemplo, los arts 1° y 2° de la ley provincial 6254 dicen claramente:
“Art 1°.- Quedan prohibidos los fraccionamientos y ampliaciones de tipo urbano y barrio parque, en todas las áreas que tengan una cota inferior a + 3,75 I. G. M.”
“Art 2°: Dentro de las zonas prohibidas en el artículo 1° se permitirán fraccionamientos con lotes de no menos de una (1) hectárea, integrantes de fracciones rodeadas de calles y cuya superficie no sea inferior a doce (12) hectáreas”.
No es necesario abundar mucho más: Puertos del Lago es, desde la óptica de las normas de planeamiento del uso del suelo, una aberración territorial; y desde el punto de vista mediambiental, es un proyecto criminal que debe ser inmediatamente detenido, y sus responsables deben comenzar a remediarlo sin demora.
Las imágenes de Puertos del Lago que acompañan esta nota son increíbles: estremece ver las mismas máquinas empleadas en la megaminería destrozando el humedal y su inconmensurable riqueza, arrasando con bosques que fueron creados por la Naturaleza a lo largo de miles de años, perforando el suelo para hacer estanques artificiales, rompiendo el frágil manto sobre el que se asientan los acuíferos.
Eduardo Costantini podrá argumentar toda la vida sobre las ventajas de su negocio inmobiliario, y el cuidadoso manejo ambiental que posee. Nada de eso servirá para ocultar la realidad: donde hasta hoy hay naturaleza viva, Costantini pretende que haya una “ciudad-pueblo” de plástico, una herida abierta en el corazón del Delta.
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Breve reseña
La década del 90 marcó un quiebre en nuestra sociedad: la globalización, con tantos riesgos como oportunidades, y el abandono del Estado en cuestiones que desde siempre le habían sido propias, entre otras razones, marcaron cambios profundos de los que no habría vuelta atrás.
En nuestro país, pero particularmente en nuestra región, el AMBA, comienzan a aparecer nuevas formas de organización social. La vida en la ciudad tradicional va cediendo lugar a los clubes de campo y a los barrios cerrados. Rápidamente, el boom del mercado inmobiliario permitió ampliar la oferta de terrenos y casas en emprendimientos cerrados, acompañado por la privatización de los accesos a la Ciudad Autónoma, y la mayor disponibilidad de crédito hipotecario. Durante varios años se mantuvo el equilibrio dinámico entre la mayor oferta, y una creciente demanda. Así, la disminución en la cantidad del suelo disponible para llevar adelante estos desarrollos privados, produjo lo inevitable: una suba sostenida en el precio de la tierra; tanto, que se llegó a valores por metro cuadrado que disuadían a los desarrolladores. Pero, el “instinto de superviciencia”, traducido en el mundo de los negocios como aquello como la maximización de los beneficios económicos, buscó y encontró nuevas formas de resguardar la rentabilidad de sus inversiones. Fue así que comenzaron a aparecer las “ciudades-pueblo” como Estancias del Pilar y Pilar del Este. Las magnitudes se multiplicaron, y cualquier nuevo desarrollo, que en la década de los 90 era diseñado para albergar tan sólo a algunas docenas de familias, ahora comenzaba a proponerse para miles.
De nuevo, en la búsqueda de proyectos rentables, los desarrolladores posaron su mirada sobre lo que hasta entonces, y desde hacía miles de años, había sido un santuario natural: los humedales.
Los humedales
Por lo general, los humedales ocupan áreas linderas a los cursos de agua, cumplen funciones vitales en el ciclo de la vida, como por ejemplo, ser hogar de la más variada flora y fauna, ser depurador y contenedor de las aguas superficiales en su viaje hacia acuíferos y ríos, estabilizar el régimen de lluvias, y muchas funciones más (ver http://www.sosdelta.org/funciones.html).



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